Este ejemplar de Pinus koraiensis ha sido modelado durante quince años siguiendo las técnicas del bunjae — el arte coreano del paisaje en miniatura. Su tronco sinuoso evoca la resistencia de los árboles centenarios en las laderas del monte Seorak, mientras que la copa escalonada reproduce la silueta de las colinas ondulantes. Cada rama ha sido guiada con alambre de cobre para lograr una composición que respeta la topografía natural y la filosofía del vacío.